En El leon bar, cada vez que servimos una mesa, lo hacemos sobre los cimientos de más de un siglo de historia valenciana. Por eso, para nosotros es un honor y una emoción inmensa formar parte de la segunda edición del libro ‘Artesanos, comercios históricos y personajes. Conociendo Valencia’, obra de Esteban Gonzalo Rogel (NPQ Editores). Sus páginas recogen el alma de nuestro local, un alma que empezó a tejerse en 1913 y que el propio Esteban ya había explorado años atrás en su blog Valencia blanco y negro, donde podéis encontrar un maravilloso reportaje fotográfico de nuestra historia.
Nuestra aventura comenzó como “Confecciones El León” , fundada por Federico Lurbe León y su esposa Isabel Sancho García. Durante décadas, este rincón de la calle Derechos fue un hervidero de vida textil. El libro, a través de imágenes del fotógrafo Francesc Jarque (1990) y de nuestro archivo familiar (2010), retrata una costumbre perdida: el ritual diario de colgar la ropa por la mañana y descolgarla al atardecer. Federico Lurbe Sancho, nuestro abuelo, aparece en una de esas fotos, inmortalizado en plena faena.
Pero si hay un detalle que nos llena de orgullo, es el del letrero. En la fachada de la calle Derechos, un gran león pintado acompañaba al nombre. En una época con un alto índice de analfabetismo, ese león era la seña de identidad. Sin saberlo, ese león ya marcaba el carácter del lugar: un comercio histórico y cercano, fácil de identificar y difícil de olvidar.
El negocio pasó de generación en generación. Federico y Francisco Lurbe Sancho ampliaron la oferta a ropa laboral: guardapolvos, chaquetas, monos y delantales para los trabajadores de la huerta y la ciudad. Más tarde, Federico (hijo) y Fina Zuriaga criaron aquí a sus hijos Ignacio, Alejandro y Sergio. Y fue Sergio, el pequeño, quien en 2013, al jubilarse sus padres, decidió que la historia no podía apagarse.
Coincidiendo con la rehabilitación de la Plaza Redonda, las telas dieron paso a los fogones. De vender ropa para el trabajo, pasamos a ser el lugar para el descanso y el reencuentro: cafés, cervezas, almuerzos y comidas. Hoy, Sergio y su equipo atienden con el mismo cariño con el que antaño se colgaba un traje. Y desde 2013, la entrada principal es por la Plaza Redonda, donde nuestras mesas son ahora el nuevo “escaparate” de esta historia viva.
Estar en este libro es un tributo a nuestro abuelo Federico, a todos los Lurbe que mantuvieron vivo el comercio, y a ese león simbólico que sigue rugiendo, hoy con sabor a buena cocina y calidez familiar.
Os esperamos en El león bar, en una plaza con memoria, para que seáis parte de los próximos 100 años de nuestra historia.
